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William Randolph Hearst, el hombre que inspiró a Orson Welles para filmar El Ciudadano Kane, es el protagonista de El Maullido del Gato (The Cat ‘s Meow), la cinta estrenada en los 2000 de Peter Bogdanovich que relata cómo el magnate de la prensa estadounidense trató de asesinar al comediante inglés, movido por los celos. Sin embargo, quien cayó abatido -por error- fue un importante productor hollywoodense.

Hace varias décadas que en Hollywood ronda un secreto que pocos se han tomado el tiempo en desentrañar. Ese que cuenta que William Randolph Hearst, el famoso magnate de la prensa estadounidense en el que Orson Welles se inspiró para filmar El Ciudadano Kane (1941), asesinó por error a un importante productor y cineasta hollywoodense. En medio de una fiesta a la que asistían, entre otros, la actriz Marion Davies -su amante-, y el actor y director Charles Chaplin, quien, según los celos enfermizos de Hearst, mantenía un affaire con su rubia protegida. De ahí que, dicen los rumores, al acaudalado empresario haya decidido tomar una pistola que por culpa del alcohol, el azar o la simple mala puntería, terminó con una de sus balas en la cabeza de la persona equivocada: Thomas H. Ince.

Welles sabía de esa historia ocurrida a mediados de la década del ’20 y pensó incluirla, con algunas variaciones, en su obra magna. Pero las presiones y amenazas sufridas durante el proceso de parir Ciudadano Kane le hicieron cambiar de idea. Así se lo confesó en 1969 al entonces principiante Peter Bogdanovich (La Luna de Papel), el director que acaba de convertir ese episodio en la trama de su más reciente película The Cat ‘s Meow (El Maullido del Gato), que anuncia su estreno para mediados de año en Europa y EE.UU.

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Una indigestión fulminante

Filmado en noviembre con locaciones en Alemania y Grecia, el proyecto llega con Edward Hermann (Nixon) en el rol de Hearst, Kirsten Dunst (Las Vírgenes Suicidas) en el de Marion Davies, Cary Elwes (Tornado) en el del malogrado productor y Eddie Izzard (La Sombra del Vampiro) en el de Charles Chaplin. Y cuenta con lujo de detalles el extraño incidente fechado el 15 de noviembre de 1924. La noche en que, por una cruel broma del destino, William Randolph Hearst, ya por entonces dueño de una treintena de periódicos, convirtió a su lujoso yate Oneida en el lugar donde se celebraría la fiesta de cumpleaños del propio Thomas H. Ince, uno de los arquitectos de Hollywood y realizador de sus primeros westerns. Según cuentan sus biógrafos, el propósito del magnate era conseguir que Ince pusiera sus sets de filmación a disposición de la productora que había creado sólo para catapultar la carrera de Marion Davies, estrella del cine mudo que recientemente había actuado junto a Chaplin en The Pilgrim (1923).

En medio de la celebración y como contaría más tarde Toraichi Kono, el secretario y chofer personal del comediante británico, una bala disparada a éste último -conocido por sus líos de faldas- por el celoso y furibundo Hearst, terminó alojada en la frente de Ince, causándole la muerte. Su cuerpo fue rápidamente incinerado y la policía no puso mayores reparos a la explicación de que el visionario hombre de cine había fallecido a causa de una indigestión. Una versión que los propios medios de Hearst se encargaron de publicitar, apoyados por la pluma experta de Louella Parsons -especialista en chismes del show business y empleada del empresario-.

Hearst era un hombre conocido por sus oscuros negocios y contactos con el mundo político, dueño de una cadena de publicaciones que hoy incluye a las revistas Cosmopolitan y Harper ‘s Bazaar, que en su época llegó a pagarle a Hitler y Mussolini para que escribieran columnas en sus diarios, a quien el propio Winston Churchill describiría más tarde “como un niño sencillo y al mismo tiempo serio, que jugaba con los juguetes más caros”.

Caros y, a veces, muy peligrosos.

 

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